Resucitando en mis letras
Cada vez que abro mi notebook y dejo que mis manos corran, siento que algo
en mí despierta. No es solo escribir: es respirar de nuevo. Mis letras son el
puente que me rescata de los días grises, el hilo invisible que me lleva más
allá de la rutina, más allá de los problemas que acechan como sombras en mi
espalda.
Cuando escribo, dejo atrás este cuerpo pesado. Me convierto
en viajero de mundos que solo existen cuando los nombro. En una frase puedo ser
un náufrago que conversa con las estrellas, en el siguiente párrafo un guardián
de portales secretos o un niño que descubre que los fantasmas saben sonreír.
Cada historia me presta una piel distinta y me permite sentir el vértigo de
otras vidas.
Escribir es mi forma de resucitar. A medida que las palabras
crecen, también lo hace mi voz interior, esa que a veces el ruido del mundo
intenta silenciar. En mis páginas hallo refugio y, al mismo tiempo, alas. Allí
no hay facturas por pagar ni relojes que apuren: solo la certeza de que puedo
reinventarme cada vez que dibujo una frase.
Al cerrar la notebook, no soy el mismo. He viajado, he
vivido, he muerto y renacido tantas veces como personajes inventé. Escribir no
me aleja de la realidad: la ilumina. Me recuerda que, aunque el mundo sea
incierto, siempre habrá un lugar donde puedo volver a ser, a sentir, a
respirar. Ese lugar está hecho de palabras, y en ellas, cada día, resucito.
Esteban










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