LAS OTRAS VIDAS
Andorra, Enero 1825:
Se despertó una vez más con el mismo sueño recurrente.
Soñaba que vivía en una tienda en el desierto de Sahara, y
se dirigía sobre su camello hacia la tienda, que oficiaba de hogar junto a su
esposa y sus cuatro hijos.
Ella siempre lo
miraba venir con una sonrisa inconfundible, a la cual, el respondía de la misma
manera. No necesitaban hablar mucho, sus miradas estaban en comunión.
Nahira agitaba su mano y Yamir respondía con el mismo gesto.
Ambos aguardaban ese momento con ansias. Los niños imitaban a su madre saludando
con sus manos, y corrían al encuentro de su padre.
Las arenas del desierto parecían llenarse de luces
brillantes en ese instante, y el oasis
donde vivían enaltecía sus colores.
Pero porque siempre el mismo sueño, el mismo rostro, la
misma sonrisa? Esa conexión intangible entre las almas era difícil de explicar.
Solo sucedía una y otra vez.
En ese preciso momento se despertó, todavía impactado por la
realidad de ese sueño. Era, en ese momento,
incapaz de separar la realidad de sus desiertos oníricos….
Hacía mucho frío en la cabaña, en pleno invierno europeo.”
Debo avivar el fuego del hogar”, pensó.
Un poco a regañadientes, dejó la cama y se encaminó al
hogar. Acercó más leña a las casi consumidas pero no apagadas brasas, y
ayudándose un poco con el típico fuelle, logró que un alegre fuego revoloteara en la estufa.
Se quedó unos minutos mirando el fuego, ensimismado en sus
pensamientos y en sus sueños recurrentes. El fuego iluminaba toda la cabaña y
le daba a la misma un aspecto mágico con sus juegos de luces y sombras. Ya
podía percibirse el agradable calor inundando el ambiente.
Volvió a la cama y la miró. Hasta cuando dormía era bella, y
mantenía al hacerlo esa sonrisa inconfundible.
Buenos Aires, Enero 2025:
Calor insoportable en la ciudad.
Juanjo se despertó sobresaltado. Tiritando de frío, o tal
vez sería ese mismo sueño de la cabaña en Andorra.
Que tenía que ver él con Andorra? Era una imagen que volvía,
y, muy a pesar de su pensamiento racional y su formación científica, no conseguía
apartar.
“Otra vez me quedé dormido con el aire acondicionado” pensó
para sí mismo. Pero porqué volvía a la cabaña de Andorra en su mente? Porqué la
misma sonrisa? Y el rostro angelical que le daba paz y tranquilidad?
Seguramente el aire frío había activado algunos
neurotransmisores específicos en la
etapa Alfa de su sueño, y su mente elaboró el sueño. Tratando de justificar
científicamente lo que sucedía siempre.
Lo que no tenía explicación era porque volvía siempre al
mismo lugar y a la misma escena.
Decidió levantarse, tomar una ducha e ir directamente a su
trabajo. No quería volver a dormir.
Pasó un tiempo y no volvió a soñar.
Era Marzo y ya comenzaba el ciclo de capacitación laboral
del que estaba a cargo, el trabajo le ayudaría a “centrarse”
Llegó al salón, miró a la audiencia. En realidad los miraba
pero no los veía. Acostumbrado, como un acto natural, a mirar a los ojos de las
personas, miraba a la “generalidad” sin detenerse en nadie en particular.
Los días de la capacitación, transcurrieron con
tranquilidad. Iba, daba sus charlas y regresaba a su casa, casi no socializando
con nadie.
Los ojos de Juanjo y Gabriela se cruzaron. Fue solo un
instante. Pero fue suficiente. Se reconocieron.
Ella le regaló la sonrisa de siempre, y él bajó la mirada.
Una especie de pánico se apoderó de todo su ser. Era su sonrisa.
Era ella.
Tratando de que nadie notara lo que le pasaba por dentro,
apuró la charla. Terminó antes de tiempo y salió corriendo del salón sin mirar
a nadie.
Se encerró en el primer baño que encontró y comenzó a
practicar respiraciones diafragmáticas con el fin de calmarse un poco.
No. No podía ser cierto, debía ser su imaginación jugándole
una mala pasada.
Un poco más calmado pensó que el jueves próximo no volvería
al salón, inventaría cualquier excusa y ya terminaría el ciclo dando comienzo
al receso de verano.
Pasaron las fiestas y llegó la temporada estival.
Su mensaje le llegó a través de una red social, era como una
especie de pedido de ayuda espiritual sin pedirla. Y él la ayudó lo mejor que pudo, desde su
corazón y su alma.
Se hizo uno con su dolor. Sentía la tristeza atravesarle el
alma. Juanjo no tenía forma de expresar su dolor y su empatía con ella. Quedó
paralizado.
Y de esta manera transcurrió otro año más. Siempre con
Gabriela en sus pensamientos. Siempre paralizado.
Mil veces quiso escribirle y mil veces borró el mensaje. No
era el momento de molestar, estaba seguro que ella sabía que él siempre
estaría.
Trató de seguir con su vida lo mejor que pudo, atravesando
sus propias tormentas y tristezas.
Por momentos pensaba que había logrado superarla, de superar
ese dolor de ella que era suyo propio. Pero eran solo eso momentos.
“Estoy mejor” decía Gabriela. Y luego de intercambiar
pequeños detalles de sus vidas, ella lo invitó a visitarla ya que quería
mostrarle muchas cosas de Andorra.
“Andorra”? Que hacía ella ahí? Lo que pasó por la mente de
Juanjo es muy difícil de describir con palabras.
Andorra, como en sus sueños. No, no podía ser posible.
Evadió el tema de la invitación, y se despidieron.
Esa noche no durmió, en realidad tipo 2 AM, decidió tomar el
primer vuelo a Europa, hizo una maleta con lo indispensable, pidió el auto de
alquiler y se fue hacia un territorio totalmente desconocido. En el viaje iría
pensando los detalles.
Luego de extenuantes 13 hs de viaje hasta Paris, logró tomar un tren que lo llevaría a Andorra.
Pero como encontrarla? No quería avisarle. Quería que fuera
una sorpresa.
Andorra la Vieja, tiene una superficie de 30 km2. Investigó mientras viajaba. Se dejaría llevar por su instinto y
golpearía todas las puertas que hagan falta.
Bajó del tren que lo llevó e inmediatamente tomó un taxi
hasta el centro de la ciudad.
Comenzó a caminar en la fría noche europea con la esperanza
de encontrar alguna señal.
Luego de dos horas de andar, había comenzado a perder la fé.
Pero, de repente vió una luz encendida en una ventana de un hotel en un primer
piso. Tenía que ser ella.
Si el Universo lo quiere tendría que ser ella.
Le costó bastante convencer al conserje para que lo dejara
subir al primer piso, pero el buen hombre, apiadado tal vez de la desesperación
de Juanjo y de su cara transfigurada por el frío, finalmente lo dejó subir.
Golpeó la puerta de la habitación, diciendo “room service”.
A lo que le respondió una voz cansada diciendo que ella no había pedido nada.
Volvió a golpear insistiendo “room service”
Abrió la puerta y se miraron. Ella dio un paso para atrás
como si hubiese visto un fantasma.
Juanjo se quedó como petrificado en la puerta y solo atinó a
decirle:
“Tengo mucho frío y hace muchas horas que no duermo”
Gabriela le regaló la misma sonrisa de siempre, lo tomó de la mano y lo ayudó a entrar en la
cama.
No hizo falta hablar mucho.
Se abrazaron, Juanjo apoyó su cabeza en el pecho de Gabriela y antes de
dormir pensó que tal vez Yamir, Marcus y Juanjo serían la misma persona en
otras vidas.
Se sonrió y se durmió plácidamente.
Había vuelto a casa.










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