SUCEDIÓ EN HAEDO

Todos los amigos/as que me siguen, conocen de mi afición por la literatura. Escribo desde que tengo uso de razón, y es una actividad que obviamente no hago por dinero.  Solo por el gusto de escribir. Me transporta en el espacio-tiempo, me ha ayudado mucho en tiempos difíciles de mi vida, y me otorga una sensación de paz difícil de trasmitir con palabras. En fin, otorga un poco de relax a mi alma y ofrece una salida espiritual, en esta etapa de preguntas existenciales del tipo: ¿A que hemos venido aquí? o el consabido ¿Y ahora qué? , cuando pareciera ser que no hay más fronteras o batallas por pelear.

Me gustan los relatos cortos, historias de vida, y generalmente escribo sobre cosas que me pasaron a mí o a mi familia, o alguien me ha contado. Y encuentro interesante que casi siempre, las mismas, si bien son reales, transitan a menudo  por la delgada línea entre lo verdadero y lo fantástico.

De lo que sucedió esa noche, no tengo pruebas científicas, solo el relato de un vecino trasnochado, que es lo que dio forma a esta historia. O sea,  dejo en manos del lector los juicios de valor sobre el hecho. Solo me limito a relatar los sucesos y sus consecuencias.

El fondo de la casa de Carlos, está pegado a mi patio trasero. Donde habita mi limonero, que está ahí y creció por obra y gracia de la naturaleza, contra todos los principios, ya que está contra una pared y prácticamente no recibe nada de energía solar, solo en su parte superior y solo en algunas épocas del año. Raro pero real.

Esa noche fría de Agosto, Carlos, naturalmente insomne, se encontraba tratando de encontrar el sueño sentado en una reposera y fumando un cigarrillo. El limonero se encontraba en flor.

Entre somnoliento y relajado y mirando tal vez el diáfano cielo nocturno poblado de estrellas, en un momento la vió y quedó prácticamente paralizado ante lo desconocido.

Fue una luz entre blanca y azulada, que así,  desde la nada iluminó su patio, el mío y el de algún vecino más.

Intentó mirar con los ojos entrecerrados pero la luminosidad fue tan fuerte que no logró ver nada más que la luz. El fenómeno duró, según él,  unos pocos segundos, ningún ruido, nada más que la luz.

El hecho es que este año mi limonero, entregó una verdadera avalancha de limones, como nunca antes había sucedido. Y parece mentira, cuanto más regalé a amigos, vecinos, compañeros de trabajo y gente que vino a trabajar a mi casa, pareciera ser que más limones aparecen.

Pero lo más extraño es el tamaño de los frutos, y las formas.  Algunos más parecidos a pomelos que a limones. Algo semejante sucedió con un helecho que tengo ahí, y tomó proporciones gigantescas.

Reflexionando sobre el hecho, guardé la secreta esperanza, que surtiera el mismo efecto sobre mi cabellera, pero parece que la energía no atravesó la loza de mi casa y sigo pelado.

En otra historia te cuento lo que sucedió con las azaleas de mi otra vecina.

Gracias por estar ahí y leerme.                                                                                   

Esteban

 

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