DE LÁMPARAS Y GENIOS


Siempre han llamado mi atención las lámparas orientales, de esas donde la leyenda cuenta que si las frotás sale un genio.

Siempre quise comprobar si era verdad.

Y, siempre, además quise tener una como adorno en mi casa. Pero una de las verdaderas, o al menos comprada en sus lugares de origen. Aunque tomando la precaución que, luego de un detallado análisis no encontrara la consabida frase “Made in Taiwan”.

Me trajo a Irak el trabajo. Aunque no voy a negar que cuando tomé el avión, sentí ese cosquilleo tan particular de conocer, además, un lugar tan exótico y distante de nuestro país.

Un país milenario y lleno de leyendas. Cuna de civilizaciones tan antiguas y sofisticadas como Asiria y Caldea.

Bagdad, la Capital Federal de Irak, tiene 8 765 000 habitantes, lo que la convierte en la mayor ciudad del país y la segunda del mundo árabe, solo por detrás de El Cairo.

Esa tarde, mi tarde libre, me encontraba paseando por las calles de Bagdad, una  zona bien comercial, que está llena de esas tiendas en donde podés comprar casi de todo en lo que respecta a artículos regionales.

Era mi oportunidad.

Me detuve en un comercio y llamó mi atención una lámpara muy particular, bellisima a mis ojos.

El encargado del lugar, al ver mi interés, se acercó y en un pobre y casi inenteligible inglés me dijo. "Le interesa? Puede probar".

Lo miré y no entendía. "Probar que?" pensé.

Conocida por todos es la milenaria capacidad de esta gente para vender, casi los inventores del comercio. Y, supuse, era una estrategia más para venderme algo.

Me dejé llevar, entre incrédulo y risueño ante la estrategia de este hombre.

Me llevó al fondo del local y me hizo pasar a una especie de probador de ropa cerrado con cortinas azules.

Comencé a inquietarme.

Las cosas y situaciones que pasaron en ese momento por mi mente son incontables.

Pero no tenía remedio, dudé entre salir corriendo o quedarme quieto, con todos los sentidos en alerta.

Me tranquilizó el hecho que inmediatamente veo al dueño entrar al probador, notando, con mi natural y entrenada vista periférica que llevaba colgando en su brazo una camiseta de fútbol, más exactamente del París Saint Germain.

Más relajado, intuí que el hombre me ofrecería un combo por las dos cosas.

“Parece que los Argentinos llevamos como un sello en la frente”, pensé entre risueño y sorprendido.

El hombre trajo mi lámpara elegida la puso en una mesa, y dijo: "Prueba", dejándome solo y cerrando la cortina azul detrás de él.

Seguía sin entender nada, no sabía que hacer, y luego de un rato,  no sé porque causa, tomé la lámpara entre mis manos y la froté. Total no iba a perder nada y luego me reiría de la aventura.

Cuál no sería mi sorpresa, que comenzó a aparecer un humo blanco, y luego, comenzó a formarse la figura de un típico "genio" oriental.

"Que deseas" preguntó el genio.

Yo todavía pensando que se trataba de una estrategia comercial, busque por todos lados, tratando de encontrar la conexión wifi que permitía el truco. “Debe ser algún tipo de holograma” pensé.

No encontré nada. Y casi inmediatamente decidí seguir con el juego.

“Deseo volver a tener esa Universidad Pública que nos dio 5 premios Nobel”, le dije.

“Imposible”, dijo el genio, “para eso debes modificar la educación secundaria”.

“Bueno, deseo eso”, le conteste.

“Imposible”, volvió a responder, “para eso debes reformular la educación primaria”.

 “Bueno, deseo eso”.

“Imposible, para eso necesitas reformular el jardín de infantes y el pre-escolar”.

“Bueno, quiero eso”, le respondí, ya un poco cansado de las respuestas similares.

“Imposible, son más de tres deseos”.

El genio  me dejó pensando.

“Deseo buenos políticos para mi país, para que logren todo eso”,  le dije casi suplicando.

El genio, mostrando un rictus de incomodidad en su cara, velozmente se volvió a meter en la lámpara sin decir palabra.

Salí raudamente del local, no sin antes darle las gracias al dueño, que intentó venderme la camiseta de Messi, mientras salía, jurándome que era original.

Gracias por leerme.

Esteban Ferrari


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